Yo no te canto tan solo por cantar
y no te vendo un discurso de política
y no regalo crucifijos en la esquina
yo solo quiero que conozcas a Cristo
Yo no pretendo llenarte la mente
de legalismos ni falsas doctrinas
Yo solo quiero que abras tus ojitos
y que conozcas a Cristo
Yo no te vendo la Biblia del profeta
porque una Biblia es para gustos y sabores
yo ni te canto los coritos de mi abuela
yo solo quiero que conozcas a Cristo
Coro:
Él es mi mejor amigo
mi padre, mi abrigo
Él hizo que mi vida valiera la pena muriendo por mí
Él es mi esperanza
en medio de la nada
si escuchas más de cerca
Él susurra tu nombre
Verso:
No sé que pintan en los diarios del domingo
ni lo que hollywood presenta en las taquillas
seguro que Él se ríe más de lo que tú y yo
y también llora
No tiene un látigo en la mano todo el día
seguro escucha rock sentado en su oficina
Él busca en las calles gente como tú y yo
para salvarlas
Coro:
Él es mi mejor amigo
mi padre, mi abrigo
Él hizo que mi vida valiera la pena muriendo por mí
Él es mi esperanza
en medio de la nada
si escuchas más de cerca
Él susurra tu nombre
Puente:
A los que viven en la drogadicción
aquel que vive en el vicio del alcohol
y al que fuma y cree que no hay solución
yo solo quiero que conozcas a Cristo
Al que fue víctima de abuso ayer
al asesino, al que robó, al que mintió
al que no tiene paz en el corazón
yo solo quiero que conozcas mas de Cristo
Mi consuelo
Tu descanso
Mi respaldo
Tu abogado
Mi refugio
Yo, yo, yo solo quiero que conozcas a Cristo
Libertad
Mi verdad
Tu justicia
Mi seguridad
Yo solo quiero que conozcas más de Cristo
Coro:
//Él es mi mejor amigo
mi padre, mi abrigo
Él hizo que mi vida valiera la pena muriendo por mí
Él es mi esperanza
en medio de la nada
si escuchas más de cerca
Él susurra tu nombre//
Reflexión: Yo solo quiero que conozcas a Cristo
La frase “yo solo quiero que conozcas a Cristo” resume de manera sencilla y profunda el corazón del verdadero evangelio. No se trata de una estrategia religiosa, ni de un discurso elaborado para persuadir a las masas, sino de una invitación honesta a un encuentro real con la persona de Jesús. En un mundo saturado de mensajes, ideologías y promesas vacías, esta declaración corta con todo lo superficial y nos devuelve a lo esencial.
Conocer a Cristo no es lo mismo que conocer acerca de Cristo. Muchas personas han oído su nombre, conocen historias bíblicas, han asistido a iglesias o incluso se identifican como cristianas, pero nunca han tenido un encuentro transformador con Él. El evangelio no busca llenar la mente de información religiosa, sino regenerar el corazón. Por eso, el cristianismo auténtico no comienza con normas externas, sino con una nueva vida nacida de Dios.
El rechazo explícito a los discursos políticos y a los legalismos religiosos es profundamente necesario en nuestra época. A lo largo de la historia, el nombre de Cristo ha sido usado para justificar intereses humanos, manipular conciencias y construir sistemas que poco tienen que ver con el mensaje original del evangelio. Jesús no vino a fundar un partido, ni a imponer una ideología terrenal; vino a reconciliar al hombre con Dios mediante su sacrificio en la cruz.
Cuando el mensaje cristiano se reduce a reglas, tradiciones o símbolos externos, pierde su poder transformador. Los legalismos pueden modificar conductas por un tiempo, pero no cambian el corazón. Jesús confrontó duramente a los religiosos de su tiempo porque habían convertido la fe en una carga pesada, olvidando la misericordia, la gracia y la verdad. Conocer a Cristo es descubrir que la obediencia nace del amor, no del miedo.
La canción insiste en abrir los ojos. Esta es una imagen bíblica poderosa. La Escritura habla de un mundo espiritualmente ciego, incapaz de ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Solo la luz del evangelio puede abrir esos ojos. No se trata de imponer una creencia, sino de permitir que Dios mismo revele quién es Cristo y qué ha hecho por nosotros. Nadie puede forzar ese despertar; es obra soberana de Dios.
El énfasis en no vender “la Biblia del profeta” o una fe a la medida del gusto humano es una denuncia clara contra la comercialización del mensaje cristiano. El evangelio no es un producto adaptable al consumidor. No existe un Cristo personalizado según preferencias culturales o emocionales. El Jesús verdadero es el que murió por los pecadores, el que llama al arrepentimiento y el que ofrece vida eterna a todo aquel que cree.
Presentar a Cristo como amigo, padre y abrigo no disminuye su santidad, sino que revela la cercanía que Él mismo ofrece. Jesús no es una figura distante ni fría; es el Dios encarnado que camina con su pueblo. Su amistad no es superficial, su paternidad no es frágil y su abrigo no falla. Conocer a Cristo es descubrir que la vida tiene sentido porque Él dio la suya para rescatarnos.
La esperanza que Cristo ofrece no depende de las circunstancias. Él es esperanza “en medio de la nada”, cuando todo parece perdido. Su voz no grita para imponer, sino que susurra el nombre de aquellos a quienes llama. Este llamado personal recuerda que el evangelio no es una masa impersonal, sino una invitación íntima. Dios no salva multitudes anónimas; salva personas con nombre, historia y heridas reales.
La visión de un Cristo cercano, que ríe y llora, no contradice su divinidad, sino que confirma su humanidad perfecta. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, se compadeció de las multitudes y se alegró con sus discípulos. No es un juez con látigo permanente, sino un Salvador que busca a los perdidos. Su misión siempre fue ir a las calles, a los márgenes, a los olvidados.
El llamado alcanza a todos sin excepción: al adicto, al abusado, al criminal, al mentiroso, al que vive sin paz. El evangelio no establece jerarquías de pecados ni listas de personas irredimibles. Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Esto confronta tanto al orgullo moral como a la desesperanza del pecador. Nadie está demasiado lejos para la gracia de Dios.
Conocer a Cristo es hallar consuelo real, descanso para el alma y un abogado delante de Dios. En un mundo donde todos acusan y condenan, Jesús intercede. Él no solo señala el pecado, sino que ofrece perdón y restauración. Su justicia se convierte en nuestra seguridad, y su verdad en nuestra libertad. No hay otro nombre que pueda ofrecer lo que Él ofrece.
Esta reflexión nos confronta con una pregunta inevitable: ¿estamos presentando a Cristo o solo una versión religiosa de nuestra cultura? El verdadero mensaje cristiano no busca impresionar ni entretener, sino conducir a un encuentro genuino con Jesús. Todo lo demás es secundario.
Que este clamor —“yo solo quiero que conozcas a Cristo”— sea también el centro de nuestra fe, de nuestro mensaje y de nuestra vida. Porque conocerle no solo cambia una opinión, cambia una eternidad.
