Coro:
Las noventa y nueve dejó en el aprisco
y por las montañas a buscarla fue
La encontró gimiendo temblando de frío
la cubrió en Sus brazos y la cubrió en Sus brazos
Y al redil volvió (y al redil volvió)
Estrofa:
Eran cien ovejas que había en el rebaño,
eran cien ovejas que amante cuidó
Pero una tarde al contarlas todas,
le faltaba una, le faltaba una y triste lloró
Coro:
Las noventa y nueve dejó en el aprisco
y por las montañas a buscarla fue
La encontró gimiendo temblando de frío
la cubrió en Sus brazos y la cubrió en Sus brazos
Y al redil volvió (y al redil volvió)
Estrofa:
Esta misma historia vuelve a repetirse
todavía hay ovejas que vagando están
vagan por el mundo sin Dios ni consuelo
Sin Dios ni consuelo, sin Dios ni consuelo
y sin Su perdón
Coro:
Las noventa y nueve dejó en el aprisco
y por las montañas a buscarla fue
La encontró gimiendo temblando de frío
la cubrió en Sus brazos y la cubrió en Sus brazos
Y al redil volvió (y al redil volvió)
(Instrumental)
Coro:
Las noventa y nueve dejó en el aprisco
y por las montañas a buscarla fue
La encontró gimiendo temblando de frío
la cubrió en Sus brazos y la cubrió en Sus brazos
Y al redil volvió (y al redil volvió)
(Instrumental)
Final:
Al redil volvió (al redil volvió)
Al redil volvió.
Hay historias que nunca pierden vigencia porque tocan una de las fibras más profundas del corazón humano. La parábola de la oveja perdida es una de ellas. Aunque fue contada hace siglos, sigue describiendo con precisión la realidad espiritual de nuestro tiempo. Esta canción revive esa verdad eterna: un Pastor que no se conforma con la multitud, sino que sale en busca de aquel que se ha extraviado.
La escena es sencilla pero poderosa. Había cien ovejas en el rebaño, todas cuidadas con amor, todas protegidas dentro del aprisco. Sin embargo, una faltaba. Para muchos, perder una entre cien podría parecer insignificante. Después de todo, aún quedaban noventa y nueve a salvo. Pero para el Pastor, esa una tenía un valor incalculable. No era un número más, era una vida, y su ausencia llenó su corazón de tristeza.
Esto nos enseña algo fundamental sobre el carácter de Dios: Él no mide el valor como lo hace el mundo. Para Dios, cada persona importa. No importa cuántos estén a salvo, Él no ignora al que se ha perdido. El amor divino no se conforma con mayorías ni estadísticas; se mueve por compasión individual. Cuando falta uno, el corazón del Pastor lo siente.
La canción describe cómo el Pastor deja las noventa y nueve en el aprisco y sale por las montañas a buscar a la oveja perdida. Este detalle es crucial. Las montañas representan dificultad, riesgo y esfuerzo. No es un camino fácil ni cómodo. Buscar a la oveja implica sacrificio, cansancio y perseverancia. Esto refleja el amor activo de Dios, un amor que no espera pasivamente, sino que sale al encuentro del que se ha extraviado.
Muchas veces imaginamos a Dios esperando que el ser humano regrese por su propia cuenta, pero esta historia nos muestra algo distinto. Dios toma la iniciativa. Él busca, Él sale, Él persigue con amor. Cuando la oveja no puede volver sola, el Pastor va por ella. Esta verdad es profundamente consoladora para quienes sienten que han ido demasiado lejos o que ya no saben cómo regresar.
La letra describe a la oveja encontrada gimiendo, temblando de frío. Esta imagen refleja la condición del alma lejos de Dios. Fuera del redil no hay protección verdadera. El mundo promete libertad, pero muchas veces entrega soledad, miedo y vacío. El pecado no siempre se presenta como algo oscuro al inicio, pero termina dejando al alma herida y agotada.
La oveja no estaba rebelde ni desafiante; estaba herida, asustada y vulnerable. Esto rompe con la idea de que todos los que se alejan de Dios lo hacen por maldad consciente. Muchos se pierden por cansancio, por confusión, por heridas no sanadas o por promesas falsas que nunca se cumplieron. Y aun así, el Pastor no la rechaza.
El momento más tierno de la historia llega cuando el Pastor toma a la oveja en sus brazos. No la regaña, no la castiga, no le exige explicaciones. Simplemente la cubre con su amor y la carga de regreso al redil. Esta es una de las imágenes más hermosas del evangelio. Dios no restaura desde la dureza, sino desde la misericordia.
Ser cargado en brazos habla de gracia. La oveja no camina de regreso, no demuestra fuerza ni mérito alguno. Todo el esfuerzo lo hace el Pastor. Así es la salvación: no es el resultado de nuestra capacidad, sino de la compasión de Dios. Cuando no podemos avanzar más, Él nos levanta.
El regreso al redil simboliza restauración, seguridad y pertenencia. El redil no es una cárcel, es un lugar de cuidado. Allí hay dirección, alimento y descanso. Volver al redil es volver a la comunión con Dios, al lugar donde el alma encuentra paz. El Pastor no solo rescata, también restaura completamente.
La canción hace una transición poderosa al afirmar que esta historia se sigue repitiendo hoy. Todavía hay ovejas que vagan por el mundo sin Dios ni consuelo. Personas que buscan sentido, amor y perdón en lugares equivocados. Caminan de un lado a otro, pero no encuentran descanso verdadero. El vacío interior es una señal clara de que el alma fue creada para algo más.
Vagar sin Dios no significa necesariamente vivir sin religión. Muchas personas tienen creencias, prácticas espirituales o valores morales, pero aun así están lejos del Pastor. No se trata solo de saber de Dios, sino de caminar con Él. El verdadero consuelo no se encuentra en ideas, sino en una relación viva con el Dios que cuida.
La repetición del coro refuerza el mensaje central: el Pastor sigue saliendo a buscar. No se ha cansado, no ha perdido interés, no ha cerrado el camino de regreso. Mientras haya una oveja perdida, su amor sigue en movimiento. Esto revela la paciencia y la constancia del amor divino, un amor que no se rinde fácilmente.
Esta historia también interpela a quienes ya están en el redil. Nos recuerda que no estamos aquí por mérito propio, sino por gracia. Todos, en algún momento, fuimos la oveja perdida. Y ahora, como parte del rebaño, somos llamados a reflejar el corazón del Pastor: un corazón que no juzga desde la distancia, sino que ama desde la cercanía.
El evangelio no es solo una buena noticia para los que regresan, sino también un llamado para los que permanecen. Nos invita a participar del amor de Dios, a mirar al perdido con compasión y no con desprecio. La iglesia no es un museo de perfectos, sino un hospital para almas heridas.
El final de la canción repite una verdad sencilla pero profunda: al redil volvió. No importa cuán lejos haya estado la oveja, el destino final fue el mismo lugar de donde salió. Esto nos llena de esperanza. No hay historia tan rota que Dios no pueda restaurar. No hay distancia tan grande que su amor no pueda cruzar.
Si hoy te sientes perdido, cansado o lejos de Dios, esta historia es para ti. El Pastor sigue buscándote. Él no te ha olvidado ni te ha descartado. Y si ya estás en el redil, recuerda: su amor te alcanzó un día, y ese mismo amor sigue alcanzando a otros.
El mensaje es claro y eterno: el Pastor ama a cada oveja, y cuando una falta, Él sale a buscarla. La encuentra, la carga en sus brazos y la devuelve al lugar de descanso. Esa es la historia del amor de Dios, ayer, hoy y siempre.