Te has puesto a pensar que todo te va mal
Piensas que Dios ya no está de tu lado
Dirás en qué fallé o en qué me equivoqué
Que siento que de mí el Señor se ha alejado
Coro:
Tú tienes que saber que Él nunca te dejó
Que cuando dijiste no puedo más te dijo ven
Tú tienes que saber que Él nunca te olvidó
Como poderoso gigante a tu lado está
Estrofa:
No encuentras solución para tu situación
No encuentras a nadie que te ayude en tus problemas
Pero hay un salvador que se entregó por ti
Te dice no temas pon tus manos en mi hombro
Coro:
//Tú tienes que saber que Él nunca te dejó
Que cuando dijiste no puedo más te dijo ven
Tú tienes que saber que Él nunca te olvidó
Como poderoso gigante a tu lado está//
Puente:
Recuerda que yo sí te escucharé
Anímate y echa a un lado la tristeza
Que te atormenta que te molesta que no te deja seguir
Que te interrumpe y que te hunde
Deja que Cristo a ti te alumbre
Deja que sane tu herido corazón
para que corra la fe que te ilumina pecador
You, you, you
Coro:
(Tú tienes que saber que Él nunca te olvidó
cuando dijiste no puedo más)
Te dijo ven
(Tú tienes que saber que Él nunca te olvidó
como poderoso gigante)
Y a tu lado siempre está, siempre va
(Tú tienes que saber que Él nunca te olvidó
cuando dijiste no puedo más)
Nunca te olvidó
(Tú tienes que saber que Él nunca te dejó
como poderoso gigante)
//Nara nana nana nana
Nara nana nana nana
Nara nana nana nana nana nana naaaaaaa//
Nunca te olvidó.
Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo nos sale mal. No importa cuánto lo intentemos, cuánto oremos o cuánto nos esforcemos por hacer lo correcto, las cosas parecen empeorar. Los problemas se acumulan, las respuestas no llegan y el corazón comienza a llenarse de dudas. En medio de ese cansancio interior, surge una pregunta silenciosa pero profunda: “¿Dios sigue conmigo o se ha alejado?”. Esta reflexión nace precisamente de esa realidad humana que muchos viven, pero pocos se atreven a expresar.
La fe cristiana no promete una vida libre de dificultades. Creer en Dios no significa que los problemas desaparecerán automáticamente ni que el dolor será eliminado por completo. Sin embargo, lo que sí promete el evangelio es algo mucho más profundo y firme: la presencia constante de Dios en medio de cualquier circunstancia. El problema es que, cuando el sufrimiento se prolonga, nuestra percepción espiritual se nubla y comenzamos a interpretar el silencio de Dios como abandono.
Es fácil pensar que Dios se ha alejado cuando las cosas no salen como esperábamos. Cuando oramos por sanidad y la enfermedad continúa, cuando pedimos una puerta abierta y solo encontramos muros, o cuando hacemos lo correcto y aun así enfrentamos rechazo. En esos momentos, la mente nos traiciona y el corazón se llena de preguntas: “¿En qué fallé?”, “¿Qué hice mal?”, “¿Por qué Dios no responde?”. Estas preguntas no nacen de la incredulidad, sino del dolor.
La Biblia está llena de hombres y mujeres que pasaron por esa misma experiencia. David, un hombre conforme al corazón de Dios, expresó en más de una ocasión que sentía al Señor lejos. Job, justo y temeroso de Dios, llegó a pensar que el cielo estaba cerrado para él. El profeta Elías, después de una gran victoria espiritual, cayó en una profunda depresión. Todos ellos sintieron lo mismo que hoy sienten muchos creyentes: cansancio, confusión y soledad.
Sin embargo, ninguno de ellos fue abandonado. Aunque así lo sintieron, Dios seguía obrando, incluso cuando parecía guardar silencio. Esto nos enseña una verdad fundamental: lo que sentimos no siempre refleja la realidad espiritual. Dios no se mueve según nuestras emociones. Él permanece fiel, constante y presente, aun cuando nosotros no lo percibimos.
La canción nos recuerda una verdad que necesitamos escuchar una y otra vez: Dios nunca nos dejó. Aunque en algún momento hayamos dicho “no puedo más”, Él no se apartó. Al contrario, cuando nuestras fuerzas se agotaron, Él nos dijo: “Ven”. Ese llamado no es una exigencia ni una corrección dura; es una invitación llena de gracia. Es el llamado de un Padre que ve a su hijo cansado y le ofrece descanso.
Muchas veces pensamos que debemos estar fuertes para acercarnos a Dios, cuando en realidad Él nos llama precisamente cuando estamos débiles. Cristo no vino para los que creen tener todo bajo control, sino para los que reconocen que necesitan ayuda. El “ven” de Dios no es para los perfectos, sino para los quebrantados, los cansados y los que sienten que ya no pueden continuar solos.
Hay etapas de la vida en las que no encontramos solución para nuestra situación. Buscamos consejo, apoyo y respuestas, pero parece que nadie entiende realmente lo que estamos viviendo. Esa sensación de soledad puede ser devastadora. Sin embargo, la canción nos recuerda que hay un Salvador que se entregó por nosotros. Ese Salvador no solo murió por nuestros pecados, sino que camina con nosotros en medio de nuestras luchas diarias.
Cristo no es un Dios distante que observa desde lejos. Él se acerca al dolor humano. Nos dice que no temamos, que pongamos nuestras manos en su hombro, una imagen poderosa de cercanía y confianza. Es la invitación a descansar en Aquel que es más fuerte que nuestras circunstancias. Cuando ya no vemos salida, Él sigue siendo la salida.
Uno de los engaños más comunes del sufrimiento es hacernos creer que Dios no escucha. Oramos, clamamos y lloramos, pero como no vemos una respuesta inmediata, pensamos que nuestras oraciones no llegan al cielo. Sin embargo, Dios sí escucha. Él no es indiferente al clamor del afligido. Su oído está atento, aunque su respuesta no siempre llegue en el tiempo o la forma que esperamos.
La tristeza, la ansiedad y el miedo pueden atormentar el corazón y paralizar la fe. Pueden interrumpir nuestro caminar espiritual y hacernos sentir hundidos. Pero es precisamente en ese punto donde Cristo se presenta como luz. No una luz superficial que ignora el dolor, sino una luz que entra en la oscuridad para sanarla desde adentro.
La sanidad del corazón es un proceso profundo. Dios no siempre quita la herida de inmediato, pero siempre comienza una obra de restauración. Cuando permitimos que Cristo alumbre nuestras heridas, la fe comienza a fluir nuevamente. Poco a poco, el corazón se fortalece y la esperanza renace, aun en medio de circunstancias difíciles.
La repetición del mensaje en la canción no es casualidad. Dios sabe que necesitamos recordar constantemente que no hemos sido olvidados. Aunque nos hayamos sentido invisibles, aunque hayamos pensado que nadie veía nuestro dolor, Él nunca nos perdió de vista. Su presencia no es pasiva ni débil. Él es descrito como un poderoso gigante, fuerte para sostenernos y fiel para no abandonarnos.
Esta verdad es un ancla para el alma. No importa cuán larga haya sido la noche, Dios sigue estando a nuestro lado. No importa cuántas veces hayas pensado que ya no puedes más, Él sigue diciendo: “Ven”. No importa cuán lejos creas que estás, Él nunca se fue. Nunca te olvidó.
Esta reflexión no busca negar el dolor ni minimizar las luchas personales. Al contrario, reconoce la realidad del sufrimiento humano, pero la confronta con una esperanza firme. La fe no consiste en ignorar las dificultades, sino en enfrentarlas con la certeza de que Dios sigue presente. Él camina contigo, te sostiene cuando caes y permanece fiel incluso cuando tú dudas.
Si hoy te sientes cansado, confundido o herido, recuerda esta verdad: Dios no se ha alejado. Él está más cerca de lo que imaginas. Cuando dijiste “no puedo más”, Él respondió con amor: “Ven”. Y como poderoso gigante, sigue a tu lado, hoy y siempre.