Viniste a mi casa
Me visitaste
Disfruté Tu presencia
Me cautivaste
No quiero que Te vayas
Yo quiero que Te quedes
He preparado un aposento para Ti
Coro:
Mi amado
Mi amado
Yo soy la Sunamita
Que Te dice: Vive aquí
Mi amado
Mi amado
Todo lo que ves
lo he preparado para Ti
Estrofa:
Viniste a mi casa
Me visitaste
Disfruté Tu presencia
Me cautivaste
No quiero que Te vayas
Yo quiero que Te quedes
He preparado un aposento para Ti
Coro (x2):
Mi amado
Mi amado
Yo soy la Sunamita
Que Te dice: Vive aquí
Mi amado
Mi amado
Todo lo que ves
lo he preparado para Ti
Wooo
Wooo
Wooo
Wooo
Puente (x4):
No importa todo lo que cueste
Tu presencia vale mucho más
Solo quiero estar contigo
Una y otra y otra y otra vez
Coro (x2):
Mi amado
Mi amado
Yo soy la Sunamita
Que Te dice: Vive aquí
Mi amado
Mi amado
Todo lo que ves
lo he preparado para Ti
Puente (x4):
No importa todo lo que cueste
Tu presencia vale mucho más
Solo quiero estar contigo
Una y otra y otra y otra vez
Una y otra y otra y otra vez
Y otra y otra y otra vez
Y otra y otra y otra vez
(x3):
En Tu aposento resucitaré
En Tu aposento me levantaré
En Tu aposento resucitaré
En Tu aposento me levantaré
Puente: (x3)
No importa todo lo que cueste
Tu presencia vale mucho más
Solo quiero estar contigo
Una y otra y otra y otra vez
Ahí yo quiero estar
Ahí yo quiero estar
Ahí yo quiero estar contigo
Contigo, contigo amado
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Yo quiero estar contigo
Por siempre
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Aquí yo quiero estar
Coro (x2):
Mi amado
Mi amado
Yo soy la Sunamita
Que Te dice: Vive aquí
Mi amado
Mi amado
Todo lo que ves
lo he preparado para Ti
Puente (x3):
No importa todo lo que cueste
Tu presencia vale mucho más
Solo quiero estar contigo
Una y otra y otra y otra vez
Reflexión: He preparado un aposento para Ti
La imagen de preparar un aposento para Dios es una de las expresiones más profundas de intimidad espiritual que encontramos en la Escritura y en la experiencia cristiana. No habla de un encuentro superficial ni de una visita ocasional, sino de una relación cultivada con intención, sacrificio y amor. Decir “no quiero que te vayas, yo quiero que te quedes” revela un corazón que ha probado la presencia de Dios y ha descubierto que nada se compara con ella.
En la vida cristiana es posible acostumbrarse a las visitas divinas sin aprender a hospedar verdaderamente al Señor. Muchos disfrutan momentos espirituales intensos —una predicación, una alabanza, una oración— pero pocos están dispuestos a reorganizar su vida para que Dios habite de manera permanente. Preparar un aposento implica orden, limpieza, prioridad y dedicación. No se prepara un espacio para cualquiera, sino para alguien que es profundamente valioso.
La figura de la sunamita nos remite a aquella mujer que, reconociendo la presencia de Dios en el profeta Eliseo, decidió construirle un aposento en su casa. Nadie se lo exigió. No fue una orden ni un mandato religioso. Fue una respuesta voluntaria al reconocimiento de que allí había un hombre de Dios. Esa historia nos enseña que la verdadera hospitalidad espiritual nace del discernimiento y del amor, no de la obligación.
Aplicado a la vida del creyente, el aposento no es un lugar físico, sino el corazón. Prepararlo significa revisar qué cosas ocupan ese espacio: pensamientos, deseos, hábitos, prioridades. Invitar a Dios a quedarse es aceptar que Él no solo nos visite en momentos de necesidad, sino que tenga autoridad sobre cada rincón de nuestra vida. No se puede decir “vive aquí” sin estar dispuesto a que Él gobierne.
La presencia de Dios cautiva porque revela quiénes somos realmente. Cuando Él entra, trae luz, y la luz expone tanto lo hermoso como lo que necesita ser transformado. Por eso, muchos prefieren visitas breves antes que una habitación permanente. Sin embargo, solo en la permanencia ocurre la verdadera transformación. Dios no solo quiere tocar momentos, quiere habitar procesos.
Decir “todo lo que ves lo he preparado para Ti” es una declaración radical en una cultura centrada en el yo. El evangelio nos llama a rendir derechos, no a exigirlos. Preparar un aposento para Dios implica rendir el control, reconocer que ya no somos dueños absolutos de nuestra vida. Cristo no comparte el trono; Él lo ocupa por completo.
El costo de la presencia de Dios es real. El texto insiste: “no importa todo lo que cueste, Tu presencia vale mucho más”. Esto confronta una fe cómoda, que quiere los beneficios del cristianismo sin asumir su precio. Seguir a Cristo siempre ha tenido un costo: negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguirle. Sin embargo, ese costo nunca se compara con el valor de su presencia.
Estar con Dios “una y otra vez” habla de constancia. No se trata de una experiencia aislada, sino de una búsqueda continua. La comunión con Dios no se sostiene con encuentros esporádicos, sino con una relación diaria. Así como una habitación se mantiene limpia con cuidado constante, el corazón necesita ser guardado y renovado cada día.
La repetición de “aquí yo quiero estar” expresa una decisión. Permanecer en la presencia de Dios no es solo un sentimiento, es una postura del alma. Es elegir su presencia por encima de la prisa, del ruido, del activismo vacío y de las distracciones constantes. Es entender que estar con Él no es perder tiempo, sino invertirlo correctamente.
La declaración “en Tu aposento resucitaré” apunta a una verdad espiritual profunda: la vida verdadera nace en la intimidad con Dios. Allí se levanta lo que estaba muerto, se restaura lo que estaba quebrado y se renueva lo que estaba agotado. La presencia de Dios no solo consuela; vivifica.
Dios no busca casas impresionantes, sino corazones disponibles. El aposento que Él habita no es el más grande ni el más decorado, sino aquel preparado con humildad, arrepentimiento y fe. Un corazón contrito y humillado no despreciará Dios.
Esta reflexión nos invita a preguntarnos con honestidad: ¿hemos preparado un aposento para Dios o solo le hemos permitido visitas ocasionales? ¿Hay áreas de nuestra vida donde Él no tiene acceso? Preparar un aposento es una invitación diaria a rendirnos de nuevo.
Que esta oración —“vive aquí”— no sea solo una frase cantada, sino una decisión consciente. Que Dios no sea un invitado temporal, sino el Señor permanente de nuestra vida. Porque cuando Él habita, todo cobra sentido, y cuando Él permanece, todo lo demás encuentra su lugar.
