Bendeciré
A mi Señor por siempre
En todo tiempo
Yo confiaré
Solo en Él
Él me ha librado, de todos mis temores
Sobre la roca, mis pies Él afirmó
Y no seré movido
Y yo diré al Señor
Coro:
Tú eres mi escudo
Mi fuerza
Mi porción, mi libertador
Mi refugio, torre fuerte
Mi ayuda
En tiempos de necesidad
(se repite todo desde el principio)
Coro 2:
Mi fuerza
Mi porción, mi libertador
Mi refugio, torre fuerte
Mi ayuda en tiempos
De necesidad
Tú eres mi ayuda
Tú eres mi fuerza Dios
te amo, te amo
Confiesa: Y no seré movido
Y no seré movido
Y yo diré al señor
Coro:
Tú eres mi escudo
Mi fuerza
Mi porción, mi libertador
Mi refugio, torre fuerte
Mi ayuda en tiempos
De necesidad
Mi fuerza
Mi porción, mi libertador
Mi refugio, torre fuerte
Mi ayuda en tiempos
De necesidad
Final:
//Mi ayuda en tiempos
De necesidad//
Reflexión
Esta canción es una declaración profunda de fe nacida en medio de la experiencia humana más real: la lucha, el temor y la necesidad. No es una adoración superficial ni una repetición automática de palabras espirituales, sino una confesión consciente de dependencia absoluta en Dios. Desde la primera línea, el creyente decide bendecir al Señor “en todo tiempo”, no solo cuando las circunstancias son favorables, sino también cuando la vida pesa, cuando los temores intentan dominar el corazón y cuando la incertidumbre parece tener la última palabra.
Bendecir a Dios por siempre implica una postura del alma. No se trata únicamente de cantar, sino de reconocer que Él sigue siendo digno aun cuando nuestras oraciones no han sido respondidas como esperábamos. La fe que se expresa en esta canción no es una fe ingenua, sino una fe probada, una fe que ha conocido el temor y aun así ha decidido confiar. “Él me ha librado de todos mis temores” no es una frase teórica; es el testimonio de alguien que ha visto la mano de Dios sosteniéndolo cuando todo parecía derrumbarse.
La imagen de estar firmes sobre la roca es una de las más poderosas en la vida cristiana. La roca no se mueve, no se quiebra, no depende del clima ni de la estación. Cuando la canción afirma que Dios afirmó nuestros pies sobre la roca, nos recuerda que la estabilidad no proviene de la ausencia de problemas, sino de la presencia de Dios en medio de ellos. No es que las tormentas desaparezcan, es que ya no tienen el poder de derribarnos.
“Y no seré movido” es una confesión espiritual que muchas veces debemos repetir incluso cuando nuestras emociones dicen lo contrario. Hay días en los que el corazón tiembla, en los que la fe parece frágil, pero es precisamente en esos momentos cuando la confesión cobra más fuerza. Declarar que no seremos movidos es un acto de confianza, una forma de decirle a Dios: aunque no entienda todo, sigo creyendo.
El coro de esta canción concentra verdades fundamentales del carácter de Dios. Llamarlo escudo es reconocer que Él nos protege; llamarlo fuerza es admitir nuestra debilidad; llamarlo porción es afirmar que Él es suficiente; llamarlo libertador es recordar que no estamos condenados a vivir esclavos del pasado, del pecado o del miedo. Cada título es una experiencia vivida, no solo una doctrina aprendida.
Dios como refugio y torre fuerte nos habla de un lugar seguro en medio del caos. Un refugio no elimina la tormenta, pero nos resguarda de ella. Una torre fuerte no impide el ataque, pero nos coloca en una posición elevada donde el enemigo no tiene dominio. Esta verdad es especialmente relevante en tiempos de necesidad, cuando entendemos que nuestra seguridad no proviene de recursos humanos, sino de la fidelidad de Dios.
La repetición del coro no es redundancia; es insistencia del corazón. Cuando algo es vital, lo repetimos. Cuando una verdad sostiene nuestra vida, la proclamamos una y otra vez. Así como el salmista repetía sus clamores delante de Dios, esta canción nos enseña que está bien insistir, está bien volver a declarar quién es Dios para nosotros, especialmente cuando la fe necesita ser fortalecida.
La parte final, donde se confiesa nuevamente “no seré movido”, funciona como un sello espiritual. No es una negación de las dificultades, sino una afirmación de que nuestra confianza está bien puesta. Amar a Dios, llamarlo ayuda y fuerza, no nace de una vida perfecta, sino de una relación real, honesta y constante con Él.
Esta canción nos invita a examinar en qué estamos confiando realmente. Nos recuerda que Dios no es solo alguien a quien acudimos en emergencias, sino Aquel en quien descansamos cada día. Cuando lo reconocemos como nuestra porción, entendemos que, aun si todo lo demás falta, Él sigue siendo suficiente.
Que esta adoración no se quede solo en palabras cantadas, sino que se transforme en una convicción diaria. Que en cada prueba podamos recordar que Él es nuestro escudo, nuestra torre fuerte y nuestra ayuda constante. Y que, pase lo que pase, podamos seguir diciendo con fe: no seré movido.
En un mundo marcado por la inestabilidad, donde las noticias cambian cada día y las promesas humanas suelen fallar, esta canción nos devuelve a una verdad inmutable: Dios permanece fiel. Cuando todo alrededor se sacude, cuando los planes no salen como esperábamos y el futuro parece incierto, la confesión “no seré movido” se convierte en un ancla para el alma. No porque tengamos el control, sino porque confiamos en Aquel que nunca pierde el control.
Reconocer a Dios como nuestra ayuda en tiempos de necesidad también implica humildad. Significa aceptar que no siempre podemos solos, que nuestras fuerzas tienen límites y que nuestra sabiduría es insuficiente. Lejos de ser una debilidad, esta dependencia es el punto donde la gracia de Dios se manifiesta con mayor claridad. Es allí donde entendemos que Él no solo interviene, sino que camina con nosotros en cada proceso.
Cada vez que proclamamos estas verdades, algo se ordena dentro de nosotros. La adoración tiene ese poder: alinea el corazón con la verdad eterna. No cambia necesariamente las circunstancias de inmediato, pero sí transforma la manera en que las enfrentamos. Al declarar quién es Dios, recordamos quiénes somos nosotros en Él: hijos sostenidos, protegidos y amados.
Que esta canción se convierta en una oración diaria, en una declaración constante aun cuando la voz tiemble. Que en medio de la prueba podamos seguir bendiciendo al Señor, confiando en que Él es nuestra roca firme. Y que, al final de cada batalla, podamos levantar nuestra voz con certeza y decir una vez más, con convicción renovada: Tú eres mi ayuda en tiempos de necesidad.