Letras Cristianas

Dios te creó

Luciana Talquenca

La vaca y el caballo, el burro y el león.
Cangrejos, mariposas, todos los hizo Dios

No venimos del mono no no no no no no no no
No venimos del mono no no no no no no no
Fue Dios quien con Sus manos creó al ser humano.
No venimos del mono no no no no no no no

Tus piernas y tus manos, tus ojos y el mentón.
Tu boca, tu garganta, también los hizo Dios.

No venimos del mono no no no no no no no no
No venimos del mono no no no no no no no
Fue Dios quien con Sus manos creó al ser humano.
No venimos del mono no no no no no no no

Y al terminar Su obra, con mucha emoción,
descansa muy alegre al ver Su creación.

No venimos del mono no no no no no no no no
No venimos del mono no no no no no no no
Fue Dios quien con sus manos creó al ser humano.
No venimos del mono no no no no no no no

Dios te creó


Esta canción, con un lenguaje sencillo y repetitivo, comunica una verdad profunda que atraviesa toda la Escritura: Dios es el Creador de todo cuanto existe. Desde los animales más grandes hasta los más pequeños, desde los detalles del cuerpo humano hasta la complejidad de la naturaleza, nada es fruto del azar. Cada verso recuerda que hay una mano amorosa detrás de la vida, una intención divina que dio origen a todo lo que vemos y también a lo que somos.

Vivimos en una época donde muchas voces intentan explicar el origen del ser humano dejando a Dios fuera del centro. Esta canción, sin entrar en discusiones técnicas ni científicas, afirma con convicción una verdad bíblica fundamental: el ser humano fue creado por Dios. No somos producto de la casualidad ni de un accidente cósmico; somos obra deliberada del Creador. Esta afirmación devuelve dignidad, propósito y valor a cada persona, sin importar su edad, condición o historia.

Cuando el canto menciona partes del cuerpo humano —las manos, los ojos, la boca— nos invita a reflexionar en lo personal que es la creación. Dios no creó al ser humano de forma genérica o distante, sino con cuidado, detalle y amor. Cada rasgo tiene un propósito, cada capacidad tiene una razón. Incluso aquello que a veces consideramos imperfecciones forman parte de un diseño que muchas veces solo comprendemos con el paso del tiempo.

Reconocer a Dios como nuestro Creador también nos confronta con una gran responsabilidad. Si Él nos hizo, entonces nuestra vida le pertenece. No somos dueños absolutos de nosotros mismos, sino administradores de un regalo sagrado. Esta verdad transforma la manera en que nos vemos, cómo tratamos nuestro cuerpo, cómo cuidamos nuestra mente y cómo usamos el tiempo que se nos ha concedido.

La creación no se limita al pasado. El mismo Dios que creó al ser humano sigue obrando hoy en la vida de las personas. Él restaura, transforma y da nuevas oportunidades. Así como descansó satisfecho al ver Su obra terminada, también se alegra cuando una vida es renovada, cuando un corazón es sanado y cuando alguien reconoce que fue creado con un propósito eterno.

El tono infantil y alegre de la canción no le resta profundidad; al contrario, nos recuerda que la verdad de Dios puede ser comprendida por todos. A veces los adultos complicamos lo que es sencillo. Jesús mismo afirmó que el Reino de los cielos pertenece a quienes reciben la verdad con un corazón como el de un niño. Esta canción nos devuelve a esa fe simple, confiada y llena de asombro.

Al declarar repetidamente que no venimos del mono, el mensaje no busca atacar, sino afirmar identidad. Saber de dónde venimos define hacia dónde vamos. Si somos creados por Dios, entonces nuestra vida tiene sentido, dirección y esperanza. No estamos aquí solo para sobrevivir, sino para reflejar la gloria del Creador en todo lo que hacemos.

La frase final, “Dios te creó”, es una afirmación directa y personal. No habla de la humanidad en general, sino de ti. Dios te pensó, te formó y te dio vida. Antes de que otros te pusieran etiquetas, antes de que el mundo intentara definirte, Dios ya te había dado valor. Esta verdad es especialmente poderosa para quienes luchan con la identidad, el rechazo o la baja autoestima.

Aceptar que Dios nos creó también implica reconocer que necesitamos de Él. Así como una obra depende de su autor, nuestra vida encuentra plenitud cuando permanece conectada a su Creador. Separarnos de Dios nos lleva al vacío, pero volver a Él nos devuelve el propósito, la paz y la esperanza.

Además, reconocer que Dios es nuestro Creador nos ayuda a mirar a los demás con nuevos ojos. Si todos fuimos hechos por las mismas manos, entonces cada persona tiene un valor incalculable. No importa su origen, cultura, apariencia o capacidades; todos reflejan algo del diseño de Dios. Esta verdad nos llama a practicar el respeto, la compasión y el amor, recordando que no tratamos con simples individuos, sino con criaturas formadas por el Creador del universo.

La creación también nos enseña a confiar. Si Dios tuvo el poder y la sabiduría para crear todo lo que existe, entonces también es capaz de sostener nuestra vida hoy. Muchas veces enfrentamos incertidumbre, temor o preguntas sin respuesta, pero recordar que fuimos creados por Dios nos da seguridad. El mismo que nos formó conoce nuestras necesidades, nuestras luchas y nuestras lágrimas, y no es indiferente a ellas.

Asimismo, esta verdad nos invita a cuidar la creación. Si Dios hizo los animales, la naturaleza y al ser humano, entonces nada debe ser tratado con descuido. La creación no es algo desechable, sino un regalo confiado a nuestras manos. Honramos a Dios cuando cuidamos el entorno, respetamos la vida y actuamos con responsabilidad sobre lo que Él nos permitió disfrutar.

En un mundo que constantemente intenta redefinir la identidad humana, esta canción nos ancla a una verdad firme e inmutable. No somos el resultado de una moda, una ideología o una opinión cambiante. Nuestra identidad está establecida en Dios, y eso nos da estabilidad cuando todo a nuestro alrededor parece moverse. Saber quién nos creó nos ayuda a no perdernos cuando el mundo intenta decirnos quién deberíamos ser.

Que esta verdad permanezca viva en nuestro corazón: fuimos creados con intención, con amor y con propósito. Cada día es una oportunidad para vivir de una manera que honre a Aquel que nos formó. Al recordar que Dios nos creó, somos llamados no solo a creerlo, sino a vivir conforme a esa verdad, reflejando Su carácter en nuestras acciones, palabras y decisiones cotidianas.

Finalmente, esta canción nos invita a la gratitud. Si Dios nos creó, lo mínimo que podemos hacer es agradecerle. Agradecer por la vida, por el cuerpo, por la creación que nos rodea y por el amor con el que fuimos hechos. Que cada vez que recordemos estas palabras, podamos afirmar con gozo y convicción: no somos fruto del azar, somos creación de Dios, hechos por Sus manos y para Su gloria.

Salir de la versión móvil