Letras Cristianas

Busca el reino de Dios

Kent Leroy

Busca primero el reino de Dios
Y Su justicia perfecta
Y lo demás añadido será
Aleluya, aleluya

No solo de pan el hombre vivirá
Sino de cada palabra,
Que sale de la boca de Dios
Aleluya, aleluya

(Instrumental)

Busca primero el reino de Dios
Y Su justicia perfecta
Y lo demás añadido será
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya.


La enseñanza de esta sencilla pero profunda canción nos conduce directamente al corazón del mensaje del Evangelio. “Busca primero el reino de Dios y Su justicia perfecta” no es solo una frase poética ni un buen consejo espiritual; es una invitación radical a reorganizar toda nuestra vida. En un mundo donde la prioridad suele ser la seguridad económica, el éxito personal o la satisfacción inmediata, Jesús nos llama a invertir el orden natural de nuestras preocupaciones y colocar a Dios en el centro absoluto de nuestra existencia.

Buscar el reino de Dios implica reconocer que Él gobierna, que Su voluntad es soberana y que nuestra vida encuentra sentido únicamente bajo Su señorío. No se trata de una búsqueda ocasional o secundaria, sino de una decisión diaria y constante. El verbo “buscar” implica esfuerzo, intención y perseverancia. Nadie encuentra algo valioso por accidente; aquello que realmente importa requiere dedicación, tiempo y entrega. Así también es la vida espiritual: una relación viva con Dios que se cultiva cada día.

Cuando la canción habla de la “justicia perfecta” de Dios, nos recuerda que no se trata de nuestra propia justicia ni de nuestras buenas obras. La justicia del reino no nace del esfuerzo humano, sino de la gracia divina. Es una justicia que transforma el corazón, que produce frutos visibles en nuestra manera de vivir, amar y relacionarnos con los demás. Buscar la justicia de Dios es anhelar parecernos a Cristo, permitir que Su carácter se forme en nosotros.

La promesa que acompaña esta búsqueda es profundamente consoladora: “y lo demás añadido será”. Dios no ignora nuestras necesidades materiales, emocionales o físicas. Él sabe que necesitamos alimento, abrigo, descanso y provisión. Sin embargo, nos enseña que cuando ponemos estas cosas en primer lugar, terminamos esclavizados por la ansiedad. En cambio, cuando buscamos primero Su reino, aprendemos a confiar en que Él cuida de nosotros como un Padre amoroso.

Esta verdad libera al creyente del temor constante al mañana. No significa que no trabajemos o que ignoremos nuestras responsabilidades, sino que dejamos de vivir dominados por la preocupación. La confianza en Dios no elimina el esfuerzo, pero sí elimina la angustia. Sabemos que, aunque nuestras fuerzas sean limitadas, Su provisión nunca falla.

La segunda parte de la canción refuerza esta enseñanza con una verdad igualmente poderosa: “No solo de pan el hombre vivirá, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios”. Aquí se nos recuerda que el ser humano no es solo cuerpo, sino también alma y espíritu. Podemos estar saciados físicamente y aun así estar vacíos por dentro. El alimento material sostiene el cuerpo por un tiempo, pero la Palabra de Dios sostiene la vida eterna.

Vivir de la Palabra implica escucharla, meditarla y obedecerla. No basta con conocerla intelectualmente; es necesario permitir que transforme nuestra manera de pensar. La Palabra de Dios confronta nuestras prioridades, corrige nuestros caminos y renueva nuestra esperanza. Cuando hacemos de ella nuestro sustento diario, nuestra fe se fortalece y nuestra visión se alinea con la voluntad de Dios.

El momento instrumental de la canción nos invita a la reflexión personal. En el silencio, cada creyente puede examinar su corazón y preguntarse honestamente: ¿qué estoy buscando primero? ¿Dónde invierto mis pensamientos, mis fuerzas y mi tiempo? El silencio delante de Dios es un espacio sagrado donde Él habla con claridad y amor, mostrándonos aquello que necesita ser rendido.

El cierre repetitivo del “Aleluya” no es casual. Aleluya es una expresión de alabanza que brota de un corazón agradecido y rendido. Es una declaración de confianza, incluso cuando las circunstancias no son favorables. Decir “Aleluya” es afirmar que Dios sigue siendo digno, que Su reino permanece firme y que Su Palabra es verdadera.

Esta canción nos llama a una vida centrada en Dios. Nos recuerda que cuando Él ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su orden correcto. Buscar Su reino no empobrece nuestra vida, la enriquece; no nos limita, nos libera; no nos quita, nos añade lo que realmente necesitamos. Que esta verdad no sea solo cantada, sino vivida cada día, para la gloria de Dios.

Buscar primero el reino de Dios también implica aprender a soltar el control. Muchas veces queremos que Dios bendiga nuestros planes, cuando en realidad Él nos invita a rendirlos. Esta búsqueda nos confronta con nuestras propias ambiciones, con aquello que hemos puesto como prioridad sin darnos cuenta. Cuando rendimos nuestras agendas, expectativas y deseos, descubrimos que el plan de Dios no solo es mejor, sino más pleno y eterno.

Vivir bajo el reino de Dios transforma la manera en que enfrentamos las pruebas. En lugar de verlas como obstáculos sin sentido, comenzamos a entenderlas como oportunidades para crecer en fe y dependencia. El creyente que busca primero el reino aprende a descansar incluso en medio de la incertidumbre, porque sabe que Dios sigue gobernando aun cuando no entiende el proceso.

Asimismo, la Palabra de Dios se convierte en un ancla firme en tiempos de confusión. Cuando el ruido del mundo intenta dictar nuestras decisiones, la voz de Dios nos devuelve la claridad. Cada palabra que sale de Su boca trae vida, dirección y consuelo. Es allí donde el alma encuentra descanso verdadero y el corazón es afirmado en la verdad que no cambia.

Buscar el reino también tiene un impacto visible en nuestra relación con los demás. Un corazón alineado con Dios comienza a reflejar Su justicia, Su misericordia y Su amor. Esto se manifiesta en actos cotidianos: en la manera en que perdonamos, en cómo servimos, en la compasión que mostramos. El reino de Dios no es solo una realidad futura, es una vida que se expresa aquí y ahora.

Finalmente, esta enseñanza nos invita a perseverar. Buscar primero el reino no es una decisión de un solo día, sino un compromiso constante. Habrá momentos de debilidad, dudas y cansancio, pero la promesa permanece firme. Dios es fiel para sostener a quienes le buscan con sinceridad. Que cada “Aleluya” que pronunciamos sea una reafirmación de confianza, una declaración de fe y una entrega renovada a Aquel que es digno de ocupar el primer lugar en todo.

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