Estrofa: (I)
El centro de todo eres Jesús
El centro de todo eres Jesús
Desde el principio y hasta el fin
Tú has sido y siempre serás Cristo
Cristo
Coro:
Tú eres el centro
Nada importa más que Tú
Todo el universo gira en pos de ti Jesús
De Ti Jesús
El centro eres solo Tú
Estrofa: (II)
El centro de mi vida es de Jesús
El centro de mi vida es de Jesús
Desde el principio y hasta el fin
Tú has sido y siempre serás Cristo
Cristo
Coro:
Tú eres el centro
Nada importa más que Tú
Todo el universo gira en pos de Ti Jesús
De Ti Jesús
Tú eres el centro nada importa más que Tú
Sí, todo el universo gira en pos de Ti Jesús
De Ti Jesús
Puente:
//De mi ser hasta el cielo Cristo es el centro
Mi vida eres Tú, sí mi vida eres Tú
De mi ser hasta el cielo Cristo es el centro
Mi vida eres Tú, sí mi vida eres Tú//
(Parte hablada)
El centro de tu iglesia es de Jesús
El centro de tu iglesia es de Jesús
Toda rodilla se doblará
Toda lengua te confesará
(Cristo, Cristo)
Tú eres el Señor, (Cristo, Cristo)
El centro de todo (Cristo, Cristo)
De mi vida el centro (Cristo, Cristo)
Sí, de tu iglesia el centro (Cristo, Cristo)
Cristo, Cristo, Cristo
Coro (x4):
En mi ser hasta el cielo
Cristo será el centro
Mi vida eres Tú, sí mi vida eres Tú
Reflexión: Cristo, el centro de todo
Esta canción es una declaración profunda y radical que confronta directamente la manera en que vivimos nuestra fe. Decir que “el centro de todo eres Jesús” no es una frase poética ni una emoción pasajera; es una confesión que redefine prioridades, decisiones, deseos y el rumbo completo de nuestra vida. Colocar a Cristo en el centro implica desplazar nuestro ego, nuestros planes y hasta nuestras seguridades, para rendirlos ante Aquel que es desde el principio y hasta el fin.
El mundo en el que vivimos constantemente nos invita a colocarnos a nosotros mismos en el centro. Se nos enseña a buscar nuestra comodidad, nuestro éxito, nuestra imagen y nuestra satisfacción personal. Sin embargo, esta canción nos recuerda una verdad eterna: nada gira alrededor de nosotros. Todo el universo, visible e invisible, encuentra su razón de ser en Cristo. Él no es un complemento para nuestra vida, es el fundamento sobre el cual todo debe edificarse.
Cuando proclamamos que Jesús es el centro, reconocemos que nuestra identidad no está definida por lo que hacemos, lo que tenemos o lo que otros piensan de nosotros. Nuestra identidad está anclada en Cristo. Él es quien da sentido a nuestro pasado, orden a nuestro presente y esperanza a nuestro futuro. Sin Él, incluso los mayores logros pierden valor; con Él, aun las pruebas más difíciles cobran propósito.
La letra también nos lleva a una reflexión personal: “El centro de mi vida es Jesús”. Esta afirmación nos invita a examinarnos con honestidad. ¿Es realmente Cristo el centro de nuestras decisiones diarias? ¿O solo lo colocamos en el centro cuando todo va bien o cuando necesitamos ayuda? Hacer de Jesús el centro implica buscar su voluntad aun cuando va en contra de nuestros deseos, confiar en Él aun cuando no entendemos el camino, y obedecer aun cuando el precio sea alto.
El coro declara que nada importa más que Él, y esta verdad confronta nuestras prioridades. Muchas veces decimos que Dios es primero, pero nuestras agendas, preocupaciones y afanes revelan otra cosa. Esta canción nos llama a reordenar el corazón, a poner en su lugar correcto todo aquello que ha tomado un espacio que solo le pertenece a Cristo. Cuando Él ocupa el centro, lo demás encuentra su justa medida.
El puente de la canción es una entrega total: “De mi ser hasta el cielo Cristo es el centro”. No se trata solo de una parte de nuestra vida espiritual, sino de cada área: pensamientos, palabras, acciones, sueños y relaciones. Reconocer que nuestra vida le pertenece a Él es entender que no nos gobernamos a nosotros mismos, sino que vivimos bajo el señorío amoroso de Cristo.
La parte hablada introduce una dimensión comunitaria poderosa: “El centro de tu iglesia es Jesús”. Aquí se nos recuerda que la iglesia no gira alrededor de líderes, tradiciones, programas o estructuras, sino alrededor de Cristo. Cuando una iglesia pierde de vista este centro, corre el riesgo de volverse una institución vacía; pero cuando Cristo es exaltado, la iglesia se convierte en un cuerpo vivo que refleja su gloria.
La proclamación de que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará afirma una verdad eterna: Cristo es Señor, lo reconozcan o no los hombres. Esta realidad nos llena de esperanza, porque sabemos que el mal no tendrá la última palabra y que toda la creación reconocerá la autoridad suprema de Jesús. Vivir con Cristo en el centro es anticipar hoy esa adoración que un día será universal.
Esta canción también nos invita a una adoración sincera y rendida. No se trata solo de cantar palabras, sino de vivirlas. Adorar es vivir de tal manera que Cristo sea visible en nosotros. Es permitir que su amor transforme nuestras actitudes, que su verdad renueve nuestra mente y que su gracia nos impulse a amar a otros como Él nos amó.
Finalmente, declarar que Cristo es el centro es una decisión diaria. No es un evento aislado ni una emoción momentánea; es una postura constante del corazón. Cada día debemos volver a rendirle el trono, recordando que nuestra vida encuentra su mayor plenitud cuando Él ocupa el lugar que le corresponde. Que esta canción no sea solo una melodía que escuchamos, sino una oración viva que marque nuestra forma de vivir, para que en todo, Cristo sea glorificado.
Colocar a Cristo en el centro también transforma la manera en que enfrentamos el sufrimiento. Cuando Jesús ocupa el lugar principal, las pruebas dejan de ser obstáculos sin sentido y se convierten en oportunidades para confiar más profundamente en Él. No siempre entenderemos el porqué de las dificultades, pero sí podemos descansar en el para qué: para moldear nuestro carácter, fortalecer nuestra fe y recordarnos que dependemos completamente de su gracia.
Asimismo, vivir con Cristo como centro redefine nuestra manera de amar. Ya no amamos desde el egoísmo ni desde el interés personal, sino desde el amor sacrificial que Él nos mostró en la cruz. Esto nos impulsa a perdonar cuando duele, a servir cuando no somos reconocidos y a permanecer firmes aun cuando otros se apartan. Cuando Jesús gobierna el corazón, el amor se vuelve una respuesta natural y no una obligación.
Esta verdad también impacta nuestra misión en el mundo. Si Cristo es el centro de nuestra vida, entonces nuestro testimonio apunta hacia Él y no hacia nosotros. Nuestras palabras, decisiones y actitudes se convierten en un reflejo de su luz. En medio de una sociedad que vive desorientada y sin rumbo, una vida centrada en Jesús se vuelve una señal clara de esperanza, mostrando que solo en Él hay propósito verdadero.
Que cada vez que cantemos estas palabras recordemos que no son solo una confesión congregacional, sino un compromiso personal delante de Dios. Que podamos examinar constantemente nuestro corazón y preguntarnos si Cristo sigue ocupando el trono o si algo ha intentado tomar su lugar. Que nuestra oración diaria sea la misma que expresa esta canción: que desde lo más profundo de nuestro ser hasta lo más alto de los cielos, Cristo sea siempre el centro de todo.