Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Llénanos con Tu amor,
llénanos en Tu pasión
Aumenta nuestra fe,
por Ti, por Ti
Llénanos con Tu amor,
llénanos de Tu pasión
aumenta nuestra fe,
por Ti, por Ti
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Llénanos con Tu amor,
llénanos de Tu pasión
aumenta nuestra fe,
por Ti, por Ti
Llénanos con Tu amor,
llénanos de Tu pasión
aumenta nuestra fe,
por Ti, por Ti
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
(Instrumental)
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
(Hoy declaramos
cielos abiertos aquí)
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Hoy declaramos
cielos abiertos aquí
Muestra Tu gloria,
queremos verte aquí
Reflexión
Esta canción es una declaración espiritual profunda que nace del anhelo del corazón humano por la manifestación real y viva de Dios. Cuando proclamamos “cielos abiertos aquí”, no estamos usando una frase poética vacía, sino expresando una verdad bíblica y espiritual: el deseo de que la presencia de Dios se manifieste de manera tangible en medio de Su pueblo. A lo largo de las Escrituras, los cielos abiertos representan comunión, revelación, dirección y la intervención directa de Dios en la historia humana. Declarar cielos abiertos es reconocer que dependemos totalmente de Él y que sin Su presencia, nuestras fuerzas, planes y esfuerzos quedan incompletos.
El clamor “Muestra Tu gloria, queremos verte aquí” refleja una necesidad que va más allá de las emociones momentáneas. No se trata solo de sentir algo durante una alabanza, sino de experimentar una transformación real. La gloria de Dios en la Biblia nunca fue un simple espectáculo; siempre trajo cambios, arrepentimiento, restauración y propósito. Cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios, no lo hizo por curiosidad, sino porque entendía que sin la presencia divina no podía guiar al pueblo. De la misma manera, esta canción nos recuerda que la iglesia y cada creyente necesitan más que actividades religiosas: necesitan la gloria de Dios obrando en sus vidas.
El llamado a ser llenos del amor y la pasión de Dios es un recordatorio de que la fe no se sostiene únicamente con conocimiento, sino con una relación viva. El amor de Dios es el motor que impulsa nuestra obediencia, nuestra entrega y nuestra perseverancia. Cuando pedimos ser llenos de Su amor, reconocemos que muchas veces nuestro corazón se enfría, se distrae o se cansa. Sin embargo, Dios promete renovar nuestras fuerzas y avivar nuestra pasión cuando nos acercamos a Él con un corazón sincero y humilde.
“Aumenta nuestra fe” es una petición honesta y necesaria. La fe no siempre es constante; hay momentos en los que se fortalece y otros en los que se debilita frente a las pruebas, el dolor o la incertidumbre. Esta frase nos conecta con la oración del padre que clamó a Jesús: “Creo; ayuda mi incredulidad”. Reconocer que necesitamos que Dios aumente nuestra fe no es señal de debilidad, sino de dependencia. La verdadera fe crece cuando entendemos que no podemos sostenernos por nosotros mismos.
El carácter repetitivo de la canción no es casual. En la adoración, la repetición ayuda a que una verdad descienda de la mente al corazón. Cada vez que declaramos cielos abiertos, reafirmamos nuestra confianza en que Dios sigue obrando, sigue hablando y sigue manifestándose. No se trata de repetir por rutina, sino de insistir con fe, creyendo que Dios escucha y responde a Su tiempo perfecto.
El momento instrumental también tiene un propósito espiritual importante. El silencio y la música sin palabras permiten que el alma reflexione, escuche y descanse en la presencia de Dios. En esos momentos, muchas veces Dios ministra de una manera personal, trayendo paz, convicción o consuelo. No todo encuentro con Dios necesita palabras; a veces el corazón entiende más en el silencio que en el ruido.
Esta canción nos invita a pasar de la declaración a la acción. Declarar cielos abiertos implica vivir con una expectativa diaria de que Dios está presente en nuestra vida cotidiana: en el trabajo, en el hogar, en medio de las dificultades y también en los momentos de gozo. Vivir bajo cielos abiertos significa caminar conscientes de que Dios nos guía, nos corrige y nos sostiene.
Vivir bajo cielos abiertos también implica una vida de rendición constante. No es solo una experiencia que se busca en un momento de adoración congregacional, sino una postura diaria del corazón. Cuando declaramos cielos abiertos, estamos reconociendo que deseamos que Dios gobierne cada área de nuestra vida: nuestras decisiones, pensamientos, palabras y acciones. Es permitir que Su voluntad se imponga sobre la nuestra, aun cuando no entendamos completamente el proceso. La verdadera apertura del cielo comienza cuando el creyente abre su corazón sin reservas delante de Dios.
Asimismo, esta declaración nos desafía a vivir con responsabilidad espiritual. Si pedimos que Dios muestre Su gloria, debemos estar dispuestos a ser transformados por ella. La gloria de Dios revela, confronta y purifica; no deja intacto aquello que necesita ser cambiado. Por eso, cantar estas palabras es también un compromiso: permitir que Dios trate con nuestras actitudes, sane nuestras heridas y nos forme conforme al carácter de Cristo. Los cielos abiertos no solo traen bendición, sino también un llamado a la santidad y a una vida alineada con el propósito divino.
Que esta canción y esta reflexión nos impulsen a vivir con expectativa, pero también con obediencia. Que no solo declaremos con nuestros labios, sino que creamos con el corazón y caminemos conforme a esa fe. Cuando una comunidad decide vivir bajo cielos abiertos, el impacto trasciende lo personal y alcanza a otros: familias son restauradas, corazones son renovados y la luz de Cristo se manifiesta en medio de un mundo necesitado. Que nuestro clamor sea constante y sincero: Señor, abre los cielos sobre nosotros y glorifícate en nuestras vidas.
Finalmente, esta adoración nos recuerda que el mayor anhelo del creyente no debe ser una respuesta específica, sino la presencia misma de Dios. Cuando Él está, todo lo demás encuentra su lugar. Que esta canción no sea solo un canto, sino una oración constante: que nuestros corazones permanezcan abiertos, rendidos y expectantes, deseando siempre ver la gloria de Dios manifestarse en nosotros y a través de nosotros.