Letras Cristianas

Gracias Dios

Aline Barros

Ante Ti vengo Señor
Tan solo una cosa quiero decir
Gracias Dios, Gracias Dios.

Por todo lo que me das
Y bendiciones que no puedo ver
Gracias Dios, Gracias Dios

Coro:
Con el corazón yo Te alabaré
Y en cada canción siempre Te diré
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios,
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios,
Gracias Dios.

ey ey ey yeah
um um

Estrofa:
Por lo que has hecho en mi ser
Por llenar con Tu luz mi oscuridad
Gracias Dios, gracias Dios

Sanaste mi enfermedad
Borraste todo el dolor y maldad
Gracias Dios, gracias Dios

Coro:
Con el corazón (corazón) yo Te alabaré
Y en cada canción siempre Te diré
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios,
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios
ye eh
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios,
Gracias Dios, quiero darte Gracias Dios
Gracias Dios

Puente:
(Gracias Dios)
Yo quiero darte Gracias
(Gracias Dios)
Yo quiero darte Gracias, oh yeh oh yeh
(Gracias Dios)
(Gracias Dios)
Yo quiero darte Gracias
(Gracias Dios)
Solo quiero agradecerte
(Te damos gracias, quiero darte gracias)

Coro:
//Gracias Dios, quiero darte
Gracias Dios,
Gracias Dios, quiero darte
Gracias Dios//
Gracias Dios

Final:
(Quiero dar gracias Dios)
Quiero dar gracias Dios oooh


La gratitud es una de las expresiones más profundas y transformadoras de la vida cristiana. Esta canción, sencilla en palabras pero poderosa en su mensaje, nos recuerda que acercarnos a Dios no siempre requiere discursos largos o frases elaboradas; a veces basta con un corazón sincero que diga: “Gracias, Dios”. En un mundo marcado por la prisa, la queja y la inconformidad, detenernos a agradecer se convierte en un acto espiritual que cambia nuestra manera de ver la vida.

Desde el inicio, la letra refleja una postura de humildad: “Ante Ti vengo Señor”. No es una entrada demandante ni una lista de peticiones, sino una actitud de reconocimiento. El creyente se presenta delante de Dios sabiendo que todo lo que es y todo lo que tiene proviene de Él. Esta postura es clave en nuestra relación con el Señor, porque cuando aprendemos a agradecer, también aprendemos a confiar.

La canción menciona algo muy real: “bendiciones que no puedo ver”. Muchas veces damos gracias solo por lo evidente, por aquello que podemos tocar o contar, pero olvidamos que Dios obra incluso en lo invisible. Hay cuidados que nunca notamos, peligros de los que fuimos librados sin saberlo, decisiones que Dios redirigió silenciosamente para nuestro bien. Agradecer por lo que no vemos es un acto de fe madura.

Cuando el coro declara: “Con el corazón yo Te alabaré”, nos recuerda que la verdadera adoración no nace de la música, sino del interior. No se trata solo de cantar, sino de vivir con un corazón agradecido. La gratitud auténtica se expresa en palabras, pero también en obediencia, en confianza y en una vida que honra a Dios en cada área.

La estrofa que habla de la luz que llena la oscuridad toca una verdad profunda: todos, en algún momento, hemos caminado en sombras. Ya sea por el dolor, la culpa, la enfermedad o la incertidumbre, sabemos lo que es sentirnos perdidos. Reconocer que Dios ha traído luz a esos espacios es reconocer Su gracia actuando donde nosotros no podíamos hacer nada.

La mención de la sanidad y del dolor borrado no debe entenderse únicamente de forma física. Dios sana cuerpos, sí, pero también restaura corazones rotos, sana recuerdos, libera del pecado y devuelve la esperanza. Agradecer por la sanidad es reconocer que dependemos completamente de Él y que nuestra vida está sostenida por Su misericordia.

El puente de la canción repite una frase clave: “Solo quiero agradecerte”. Esta repetición no es casual; refleja un corazón que ha entendido que, aun cuando no tenga palabras suficientes, el agradecimiento permanece. A veces no sabemos cómo orar, no sabemos qué pedir, pero siempre podemos agradecer. La gratitud nos mantiene conectados con Dios incluso en los momentos de silencio.

Vivir agradecidos cambia nuestra perspectiva. Cuando damos gracias, dejamos de enfocarnos en lo que falta y comenzamos a ver lo que Dios ya ha hecho. Esto no significa ignorar las dificultades, sino enfrentarlas desde la certeza de que Dios sigue obrando. Un corazón agradecido no niega el dolor, pero decide confiar más allá de él.

Esta canción también nos invita a una adoración constante: “en cada canción siempre Te diré gracias”. La gratitud no debe ser un evento ocasional, sino un estilo de vida. Cada día tenemos razones para agradecer: el simple hecho de despertar, de respirar, de tener una nueva oportunidad. Cuando entendemos esto, nuestra relación con Dios se fortalece y nuestra fe se vuelve más firme.

Además, la gratitud nos protege del orgullo y del olvido espiritual. Cuando dejamos de agradecer, comenzamos a creer que todo lo que hemos alcanzado es fruto exclusivo de nuestro esfuerzo, y poco a poco el corazón se endurece. Recordar de dónde nos sacó el Señor, cómo nos sostuvo en momentos difíciles y cómo nos ha guiado hasta aquí, nos mantiene humildes y conscientes de nuestra total dependencia de Él.

Un corazón agradecido también se convierte en un testimonio vivo para otros. En medio de un mundo que constantemente se queja, que vive insatisfecho y cargado de ansiedad, una vida que agradece a Dios aun en medio de las pruebas refleja una fe genuina. La gratitud predica sin palabras y muestra que nuestra confianza no está puesta en las circunstancias, sino en el Dios que gobierna sobre ellas.

Que cada día podamos presentarnos delante del Señor con esta misma actitud: no solo para pedir, sino para reconocer, honrar y agradecer. Que nuestras oraciones, nuestras canciones y nuestra manera de vivir estén marcadas por un constante “Gracias Dios”. Porque cuando aprendemos a agradecer en todo, descubrimos que Dios siempre ha estado más cerca de lo que imaginábamos.

Finalmente, el cierre de la canción refuerza una verdad esencial: agradecer es una decisión. No siempre sentimos ganas de hacerlo, pero cuando decidimos agradecer, nuestro corazón se alinea con la verdad de Dios. La gratitud abre la puerta a la paz, renueva la esperanza y nos recuerda que Dios ha sido, es y seguirá siendo bueno.

Que esta canción no solo sea escuchada, sino vivida. Que cada “Gracias Dios” que pronunciemos nazca de un corazón consciente de Su gracia, de Su fidelidad y de Su amor inagotable. Porque cuando aprendemos a agradecer, aprendemos también a descansar en Él.

Salir de la versión móvil