Letras Cristianas

El gozo del Señor

Abel Zavala

El gozo del Señor
es la fuerza que me anima a vivir cada día
Sé que Su amor
llenará todo vacío que haya adentro de mí.
El gozo del Señor
es la fuerza que me anima a vivir cada día
Sé que Su amor
llenará todo vacío que haya adentro de mí.

Coro:
Bueno es
alabar a nuestro Señor
Él siempre ha sido fiel,
Yo me gozaré
al cantar de Su gran poder
Amén

Rap:
Su amor y Su gozo me anima a vivir
Ha llenado el vacío que había dentro de mí
Bueno es alabar y cantar de Su amor
Y me gozo en el gozo de Su Salvación

Estrofa:
El gozo del Señor
es la fuerza que me anima a vivir cada día
Sé que Su amor
llenará todo vacío que haya adentro de mí.
El gozo del Señor
es la fuerza que me anima a vivir cada día
Sé que Su amor
llenará todo vacío que haya adentro de mí.

Coro:
Bueno es
alabar a nuestro Señor
Él siempre ha sido fiel,
Yo me gozaré
al cantar de Su gran poder
Amén

(Instrumental)

Coro:
//Bueno es
alabar a nuestro Señor
Él siempre ha sido fiel,
Yo me gozaré
al cantar de Su gran poder
Amén//
Bueno es, Bueno es
Bueno es, Bueno es
Bueno es, Bueno es
El gozo del Señor es mi fuerza.

https://www.youtube.com/watch?v=KXwfqA6lmTU


Reflexión: El gozo del Señor es mi fuerza

Hablar del gozo del Señor es adentrarse en una de las realidades más profundas y, al mismo tiempo, más incomprendidas de la vida cristiana. Muchas veces se confunde el gozo con una emoción pasajera, con una sonrisa forzada o con un optimismo superficial. Sin embargo, el gozo que proviene de Dios no depende del estado de ánimo ni de las circunstancias externas; es una fortaleza interior que sostiene al creyente aun cuando todo alrededor parece frágil.

Decir que el gozo del Señor es la fuerza para vivir cada día es reconocer que la vida, por sí sola, puede ser agotadora. Hay jornadas marcadas por la rutina, la preocupación, el cansancio y la incertidumbre. El evangelio no niega esa realidad, pero afirma que existe una fuente de energía espiritual que no se agota con el uso. El gozo del Señor no es evasión del dolor, es resistencia en medio de él.

El vacío interior es una experiencia común al ser humano. Muchas personas intentan llenarlo con logros, relaciones, placeres o distracciones, pero tarde o temprano descubren que nada de eso es suficiente. El amor de Dios no llena el vacío de manera superficial; lo llena de raíz. Cuando Su amor habita en el corazón, el vacío deja de ser un abismo y se convierte en un espacio transformado por la gracia.

La afirmación de que el amor de Dios llenará todo vacío no es una promesa ingenua, sino una verdad probada a lo largo de la historia de la fe. Dios no solo cubre las heridas, las sana. No solo acompaña en la soledad, la transforma. Su amor no compite con otros afectos; los ordena. Cuando el amor de Dios ocupa el centro, todo lo demás encuentra su lugar correcto.

Alabar al Señor como respuesta al gozo revela una dinámica espiritual importante: la alabanza no es solo un acto litúrgico, sino una expresión de confianza. Alabar a Dios cuando todo va bien es natural, pero alabarlo cuando el corazón está cansado es un acto de fe. Decir que “bueno es alabar” no significa que siempre sea fácil, sino que siempre es correcto.

La fidelidad de Dios es el fundamento del gozo cristiano. Nuestro gozo no se basa en nuestra constancia, sino en la suya. Aun cuando fallamos, Él permanece fiel. Esta verdad libera al creyente de una espiritualidad basada en el rendimiento. No nos gozamos porque nunca caemos, sino porque Dios no nos abandona cuando caemos.

Gozarse al cantar del gran poder de Dios es reconocer que Su poder no es opresivo, sino redentor. El poder de Dios se manifestó de manera suprema en la salvación. Su fuerza no se exhibe aplastando al débil, sino levantándolo. Por eso, el gozo cristiano no es arrogante ni triunfalista; es humilde y agradecido.

La inclusión de un lenguaje rítmico y directo en el mensaje recuerda que el gozo de Dios no está limitado a una sola forma de expresión. El evangelio alcanza todos los rincones del corazón humano. El gozo que Dios da no es monótono ni rígido; es vivo, dinámico y capaz de renovar incluso las áreas más desgastadas del alma.

Reconocer que el amor y el gozo de Dios animan a vivir es admitir que, sin Él, muchas veces la vida pierde sentido. No se trata de dramatismo, sino de honestidad espiritual. Dios no es un añadido opcional a una vida ya plena; es la fuente misma de la vida abundante. Cuando Él llena el interior, la existencia adquiere dirección y propósito.

El gozo de la salvación no se limita al momento de la conversión. Es una realidad que debe ser recordada y renovada constantemente. Con el paso del tiempo, el creyente puede acostumbrarse a la gracia y perder la capacidad de asombro. Volver al gozo de la salvación es volver a la raíz, a la certeza de haber sido rescatados no por mérito, sino por misericordia.

El énfasis repetido en que el gozo del Señor es la fuerza subraya una verdad esencial: la fortaleza espiritual no proviene del control, sino de la dependencia. Cuando reconocemos que nuestra fuerza es limitada, aprendemos a apoyarnos en Dios. El gozo se convierte entonces en una armadura interior que protege el corazón del desánimo constante.

Incluso los momentos instrumentales, donde no hay palabras, reflejan una verdad espiritual: hay ocasiones en las que el alma se goza en silencio. No siempre se necesitan explicaciones o discursos. A veces, el gozo se experimenta como una paz profunda que no requiere palabras.

La repetición de “bueno es” no busca insistir por insistir, sino afirmar. En un mundo que constantemente cuestiona la bondad de Dios, el creyente reafirma con convicción que Él es bueno y que su bondad es digna de ser proclamada. Esta afirmación fortalece la fe y combate la duda.

El gozo del Señor no elimina los problemas, pero redefine su impacto. El creyente puede llorar y, al mismo tiempo, gozar. Puede atravesar pruebas sin perder la esperanza. Esta combinación no es contradicción; es fruto de una fe madura.

Esta reflexión nos invita a examinar la fuente de nuestra fuerza. ¿De dónde estamos sacando ánimo para vivir cada día? ¿De nuestras circunstancias, de nuestras capacidades o del gozo que Dios ofrece? Solo el gozo del Señor es una fuerza que no se agota con el tiempo.

Que esta verdad sea una convicción diaria: cuando el cansancio aparece, cuando el vacío amenaza, cuando la fe se debilita, el gozo del Señor permanece. No como una emoción superficial, sino como una fuerza profunda que sostiene, anima y renueva. Porque cuando Dios llena el interior, la vida vuelve a florecer.

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